Rafael Vida’s Zine

El carácter de un objetivo se puede medir

Experimentos con objetivos para montura M

¿Por qué dos objetivos de 50 mm con la misma apertura dibujan distinto? ¿Qué hace que un Summilux de 1961 tenga ese fondo que se deshace y un asférico moderno deje los contornos del desenfoque marcados? Llevo tiempo dándole vueltas a esto, y la respuesta corta es que el carácter de un objetivo tiene una definición física precisa: es el conjunto de aberraciones que el diseñador decidió no corregir. Y si tiene definición, se puede medir, comparar y poner en un mapa.

Eso es lo que hace la Carta de carácter óptico de la montura M: un catálogo interactivo de 128 objetivos, de 1925 a 2026, que reconstruye el disco de desenfoque de cada uno a partir de sus coeficientes y define una distancia entre objetivos para responder a la pregunta que está detrás de casi todas las demás: cuál se parece a cuál, y en qué exactamente. Funciona entera en el navegador, sin servidor y sin cuenta, y tiene un manual ilustrado con todo el detalle.

1. La idea

Un objetivo perfecto no tiene carácter. Limitado solo por difracción, formaría la misma imagen que cualquier otro objetivo perfecto de su focal y apertura. Todo lo que reconocemos como personalidad de un objetivo, el bokeh cremoso, el halo sobre las luces, el nervio de los altos desenfocados, viene de los residuos: esfericidad sin compensar, cromatismo longitudinal, curvatura de campo, viñeteo mecánico.

La herramienta toma once de esos residuos como coordenadas y coloca cada objetivo en un espacio donde el origen es el objetivo ideal. La distancia al origen dice cuánto carácter hay; la dirección dice de qué tipo es. El Summar de 1933 está a 3,93 del ideal. El APO-Telyt 135 está a 0,74. Entre esos dos extremos cabe toda la historia del diseño óptico.

2. El disco de desenfoque, calculado y no dibujado

La pieza central es el simulador del disco. Cada bola de bokeh que muestra sale de un trazado geométrico sobre la pupila del objetivo, con una fórmula sorprendentemente compacta detrás. El radio de impacto de cada rayo es

r(ρ) = aρ + bρ³

donde a es el desenfoque, que cambia de signo entre el fondo y el primer plano, y b es la esfericidad residual del objetivo, que no cambia nunca. De esa asimetría sale un resultado que cualquiera que haya usado un objetivo clásico conoce sin saber por qué ocurre: el mismo objetivo que da un fondo cremoso da un primer plano de contornos duros. Cuando los dos términos comparten signo, el disco tiene núcleo brillante y borde desvanecido. Cuando se oponen, aparece una cáustica y con ella el anillo brillante del bokeh nervioso. En el simulador hay un conmutador de fondo a primer plano; pulsarlo con un Summilux pre-asférico cargado es ver la inversión en directo.

El modelo incluye además el polígono del diafragma según las palas reales, el recorte de pupila fuera del eje (el ojo de gato, calibrado en transmitancia: el Noctilux f/1 en la esquina pasa el 26 % de la luz de su pupila, casi dos pasos) y el cromatismo longitudinal como desplazamiento de foco por canal, de donde sale solo el ribete verde detrás y magenta delante que se ve en las fotos reales.

3. Tres ejemplos de uso

El sustituto de otra marca.

Un APO-Summicron 50 cuesta lo que cuesta. La pestaña de parecidos, con el filtro de otro fabricante activado, devuelve el APO-Lanthar 50 f/2 de Voigtländer a una distancia de 0,12, percentil 0: es el par entre marcas más próximo de todo el catálogo. La tabla dice además qué generador separa a cada par, así que se ve de un vistazo si la diferencia que queda es cromatismo, geometría de pupila o velo.

El falso gemelo. El Nokton 50 f/1 de Voigtländer se compara constantemente con los Noctilux, y la herramienta permite comprobar cuánto hay de cierto. Con el Noctilux 0,95 asférico la distancia es 0,27, segundo vecino de todo el catálogo, y la descomposición muestra que el 68 % de esa distancia es un solo residuo, el rizado del moldeo asférico: en lo demás son casi el mismo objetivo. Con el Noctilux f/1 clásico de 1976 la distancia sube a 1,15 y se reparte entre seis generadores distintos. Los dos comparten la geometría del ojo de gato en las esquinas, que es lo que alimenta la comparación de bar, y difieren en todo lo que gobierna la transición al desenfoque. La conclusión práctica: el Nokton sustituye al 0,95, y al f/1 clásico solo se le parece de lejos.

El que necesita calibración. El C-Sonnar 50 f/1,5 de Zeiss desplaza el plano de foco al diafragmar, y en un telémetro eso significa que enfoca donde no apunta. La ficha superpone esa deriva a la profundidad de foco: cuando la curva sale de la franja, el recalibrado deja de ser opcional. Filtrando el catálogo por el rasgo de deriva de foco salen los 25 objetivos de la montura a los que conviene mirar con esa lupa antes de comprarlos para un cuerpo de telémetro.

4. La métrica y su prueba

Definir una distancia es fácil; lo difícil es demostrar que mide algo. La prueba que usa la herramienta es limpia: la familia óptica de cada objetivo (Sonnar, Biogon, doble Gauss, apocromático) no entra en el cálculo de la distancia. Si la métrica captura algo real, los objetivos de la misma familia deberían caer cerca por sí solos.

Resultado: el vecino más próximo comparte familia óptica en el 73 % de los 128 casos, frente al 18 % que daría el azar. Los grupos que la métrica forma sin ayuda son los cuatro Biogon, los apocromáticos de tres fabricantes distintos y cada reedición junto a su original: el vecino más próximo del Summilux Classic de 2025 es el pre-asférico E46, a 0,15, con el E43 de 1961 en el percentil 4 de todos los pares. Que la reedición caiga sola sobre la serie que reproduce es exactamente lo que Leica pretendía al fabricarla.

Queda una validación pendiente, y el documento lo dice en su propio método: que la distancia numérica se corresponda con la diferencia que percibe un observador. Eso exige un experimento con pares de discos en elección forzada, y hasta tenerlo los pesos de la métrica son una convención razonable.

5. Qué es dato y qué es valoración

Todo número de la carta pertenece a uno de tres niveles, y las tablas los separan siempre. Lo catalogado viene de las fichas del fabricante: focal, elementos, palas, masa. Lo derivado es cálculo exacto sobre lo anterior: pupila de entrada, corte por difracción, la propia distancia. Y los índices ordinales, cremosidad, velo, microcontraste, son valoraciones en escala 0 a 100 construidas a partir de curvas MTF publicadas y de la coincidencia sostenida entre observadores. Ese tercer nivel es el eslabón débil, y por eso el único objetivo del catálogo con MTF de fábrica, un Light Lens Lab 50 f/1,5, lleva los puntos publicados dibujados encima de la curva modelada, con las discrepancias a la vista: el modelo va bien en el centro y falla en el borde a plena apertura porque no tiene término de astigmatismo. Prefiero un modelo con los fallos contados que uno que parece perfecto porque nadie lo ha contrastado.

6. Dónde está

La carta y su manual están en abierto, cada uno en un solo archivo HTML que se puede guardar y usar sin conexión:

Los índices ordinales son interpretativos. Antes de una compra, contrasten con medidas propias; la herramienta sirve para saber qué medir y dónde mirar.

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