Wabi-sabi, mono no aware, ichigo ichie y yūgen en la fotografía

Read in English: Wabi-sabi, mono no aware, ichigo ichie and yūgen in photography

La estética japonesa ha desarrollado a lo largo de siglos un vocabulario para nombrar experiencias de la mirada que en las lenguas occidentales apenas tienen palabra. Pueden parecer conceptos exóticos o recursos decorativos, pero son herramientas de pensamiento que permiten distinguir cosas que normalmente confundimos. Cuatro de ellos son especialmente útiles para una práctica fotográfica orientada a la transitoriedad y al instante: wabi-sabi, mono no aware, ichigo ichie y yūgen. Cada uno responde a una pregunta distinta, y juntos forman una constelación que cubre el arco completo desde el encuentro con el mundo hasta la imagen como objeto.

Wabi-sabi: la cualidad del mundo que llama la atención

Wabi-sabi (侘寂) nombra la belleza de lo incompleto, lo impermanente, lo imperfecto. Wabi remite originalmente a la soledad austera, a la vida apartada, a una pobreza digna que se ha transformado a lo largo de los siglos en una valoración de lo simple y lo modesto. Sabi nombra la pátina, el desgaste, la huella del tiempo sobre las superficies. Juntos describen una cualidad que está en las cosas: la pared desconchada, la madera envejecida, el cuenco de cerámica con su craquelado, la luz mortecina de una tarde de invierno.

Cualquier cosa puede tener esa cualidad cuando se la mira desde una sensibilidad determinada, porque todo está envejeciendo, incluso lo nuevo. Por eso no hay que confundir wabi-sabi con un estilo ni con un repertorio visual de objetos viejos. Una fotografía wabi-sabi puede no contener nada antiguo; le basta con reconocer que el tiempo está actuando ahora mismo sobre todo, y que ese actuar es bello.

Para el fotógrafo, wabi-sabi responde a la pregunta de qué mirar. Orienta la atención hacia lo que normalmente se ignora: las texturas medias, los colores apagados, las superficies modestas, todo aquello que atrae por su discreción. Es lo opuesto a la fotografía del espectáculo y del impacto inmediato.

Mono no aware: la respuesta interior ante la transitoriedad

Mono no aware (物の哀れ) puede traducirse aproximadamente como “la conciencia melancólica de la transitoriedad de las cosas”. Es la emoción que sientes ante la fragilidad de lo que existe, sabiendo que va a desaparecer. El cerezo en flor es el ejemplo clásico: es bello precisamente porque dura pocos días. La belleza está atravesada de pérdida, y esa pérdida es parte constitutiva de ella.

A diferencia de wabi-sabi, que está en el objeto, mono no aware está en el sujeto. Es una respuesta: lo que una persona siente ante la consciencia de que el momento, el lugar, la luz, no van a permanecer. Emparentada con la tristeza, aunque más sutil y casi serena, es una emoción que reconoce la belleza precisamente en su carácter pasajero.

La fotografía tiene una afinidad estructural con mono no aware, aunque casi nunca se la trata así. Como observó Roland Barthes, toda fotografía dice silenciosamente “esto ha sido”, y por tanto “esto ya no es”. Cada disparo certifica una presencia y, al mismo tiempo, su pérdida. La foto de tu hijo de tres años es, en rigor, la imagen de algo que dejó de existir en el instante mismo del disparo, porque ese niño exacto no volverá. Reconocerlo es practicar la fotografía desde mono no aware, como una elegía discreta, sin pretender conservar nada ni triunfar sobre el tiempo.

Si wabi-sabi dice qué mirar, mono no aware responde a qué se siente ante lo que llama la atención. Es la emoción que sostiene el disparo cuando reconoces algo wabi-sabi: la melancolía sutil que convierte la atención en gesto.

Ichigo ichie: la disposición temporal del encuentro

Ichigo ichie (一期一会) viene de la ceremonia del té y se traduce literalmente como “una vida, un encuentro”. Significa que cada encuentro entre personas, o entre una persona y un momento, es único e irrepetible, y debe tratarse con la atención y el cuidado que merece esa irrepetibilidad. Aunque anfitrión e invitado se hayan reunido cien veces, este té, en esta tarde, con esta luz, este humor, esta conversación implícita, no se repetirá nunca.

A diferencia de wabi-sabi (objeto) y de mono no aware (emoción), ichigo ichie es una disposición temporal, un modo de presencia. Describe cómo estás en el instante: si estás cazándolo, esperando que se cierre en composición, o si estás simplemente con él, disponible, reconociendo su unicidad sin proyectarlo hacia un resultado.

Aplicado a la fotografía, ichigo ichie se entiende mejor si se compara con la doctrina del instante decisivo de Henri Cartier-Bresson. El instante decisivo es centrípeto: el fotógrafo concentra su atención hacia un punto futuro inminente, anticipa, calcula, espera el momento en que los elementos se van a alinear. Es la postura de un cazador. Ichigo ichie, en cambio, es centrífugo y envolvente: la atención se abre al instante presente en su totalidad, sin proyectarse hacia un punto culminante. Sin esperar a que ocurra nada, estás con lo que ya está ocurriendo, sabiendo que no se repetirá. La postura es la del anfitrión o la del huésped.

Esta diferencia produce fotografías muy distintas. Una imagen hecha desde ichigo ichie puede ser perfectamente un momento de quietud sin nada extraordinario, en el que el fotógrafo y la escena simplemente reconocen que están ahí, juntos, ahora. Le basta con la presencia; puede prescindir del clímax, de la geometría sorprendente y del instante culminante. El disparo sirve para confirmar un reconocimiento, algo muy distinto de cobrar una presa.

En la práctica, ichigo ichie tiene que ver con cómo estar presente en el momento del encuentro: con qué calidad de atención, con qué postura interior, con qué relación con el sujeto.

Yūgen: la cualidad de la imagen como objeto

Yūgen (幽玄) es probablemente el más sutil y el más difícil de traducir de los cuatro. Los caracteres que lo componen apuntan a “oscuro, profundo” (幽) y “sutil, difícil de ver” (玄). Juntos nombran la conciencia de un universo que se extiende más allá de lo que podemos ver o decir. Es la sensación de que lo presente apunta hacia algo no presente, y que ese algo inaccesible es más vasto que lo visible. Tiene poco que ver con el misterio entendido como enigma que espera solución o con la ambigüedad entendida como vaguedad.

Zeami Motokiyo, gran teórico del teatro Nō en el siglo XV, intentó describir yūgen con imágenes: es como ver un barco que desaparece detrás de una isla en la niebla, como mirar el vuelo de los gansos salvajes que se pierden entre las nubes, como el sol que se pone detrás de las montañas y deja el cielo teñido pero sin presencia. En todos los casos, la cosa misma desaparece y lo que queda es su resonancia, su huella en el mundo visible.

A diferencia de los tres conceptos anteriores, que actúan en el momento del encuentro, yūgen opera en la imagen como objeto, en su capacidad de seguir funcionando cuando el encuentro ya pasó y solo queda la representación. Es una cualidad de la imagen lograda: la capacidad de evocar más de lo que muestra, de apuntar hacia lo que no está, de tratar al espectador como capaz de resonancia.

La distinción importa porque puedes vivir un encuentro pleno de wabi-sabi, mono no aware e ichigo ichie, y aun así producir una foto que no tenga yūgen. Has estado completamente presente, has reconocido la cualidad de las cosas, has sentido la transitoriedad, y la foto sale plana y descriptiva, sin resonancia. Yūgen es una cualidad que la imagen tiene que ganar como representación, y no se transmite automáticamente desde la calidad del encuentro.

Lo que yūgen exige técnicamente

Una imagen con yūgen exige cuatro cosas concretas. Primero, dejar un espacio vacío que, en vez de cumplir una función compositiva, sea un lugar por donde entre el espectador. Ese vacío, que podría parecer una ausencia, funciona como una invitación. Segundo, no mostrar el todo: la imagen corta, excluye, sugiere lo que hay más allá del encuadre, porque lo que no se muestra es parte de lo que se dice. Tercero, renunciar al clímax: el momento de yūgen es casi siempre un instante sin evento, donde algo está ocurriendo tan suavemente que casi no ocurre. Cuarto, confiar en la resonancia del espectador: asumir que va a poner algo de su parte, que va a traer su propia experiencia de la transitoriedad y va a dejar que la imagen la active.

Esta confianza es exactamente lo que falta en la cultura fotográfica del scroll: nadie confía en que el espectador se detenga, así que todo se hace para quien no se detiene. Una imagen con yūgen solo existe para quien se detiene, y eso está bien.

Para el fotógrafo, yūgen responde a la pregunta de qué tiene la imagen resultante, si lo logras: la cualidad evocadora que separa la foto que documenta un encuentro privilegiado de la foto que transmite ese encuentro a quien no estuvo ahí.

La constelación: cómo se relacionan los cuatro

Vistos juntos, los cuatro conceptos cubren el arco completo de la práctica fotográfica desde el mundo hasta la imagen:

  • Wabi-sabi describe qué en el mundo te detiene: la cualidad de lo gastado, lo modesto, lo que el tiempo ha tocado.
  • Mono no aware describe qué sientes ante eso: la conciencia melancólica de la transitoriedad, la emoción de la belleza que pasa.
  • Ichigo ichie describe cómo estás presente en el encuentro: atento a la unicidad irrepetible del momento, sin cazar, sin proyectar.
  • Yūgen describe qué tiene la imagen resultante: la cualidad de evocar más de lo que muestra, de apuntar hacia lo que no está.

Los tres primeros operan en el momento del encuentro y del disparo. Yūgen opera después, en la imagen como objeto. Por eso el trabajo del fotógrafo continúa tras el clic, en la edición, en el procesado y en la selección, donde se decide si lo que el encuentro tenía va a sobrevivir en la imagen o se va a perder por exceso o por defecto.

El procesado dramático es uno de los mecanismos que destruyen yūgen incluso cuando el encuentro fue bueno. Subes contraste, saturas, viras la paleta, subrayas el sujeto, cierras la imagen, y lo que era evocador se vuelve afirmativo. La imagen gana presencia inmediata y se vuelve más ruidosa, pero pierde la resonancia profunda.

Tres avisos antes de sacar la cámara

Estos cuatro conceptos son herramientas de pensamiento, y tratarlos como un programa que hay que ejecutar sería un error. Conviene tener tres avisos presentes.

El primero: no se buscan directamente. Si sales a hacer fotos con yūgen, no vas a encontrarlo. Si pretendes capturar mono no aware, te vas a quedar en una pose melancólica vacía. Estos conceptos describen lo que ocurre cuando las condiciones son adecuadas y el fotógrafo está suficientemente despierto. La actitud correcta es tenerlos como horizonte de conciencia, sin convertirlos en una meta.

El segundo: se confunden fácilmente con sus imitaciones. Una foto imprecisa puede parecer yūgen y ser solo una foto fallida, igual que una foto de objetos viejos puede parecer wabi-sabi y quedarse en decoración. La diferencia entre lo auténtico y la imitación es interna: tiene que ver con si hay una decisión consciente detrás o si hay una aplicación de estilo. Y solo el tiempo, revisando el archivo en frío, revela cuál es cuál.

El tercero: en el momento del disparo, todo esto debe haber desaparecido. Los conceptos son para antes (orientar la práctica, educar la mirada) y para después (analizar el archivo, evaluar las imágenes). En el instante del encuentro, son ruido. Si llevas a Zeami contigo cuando levantas la cámara, verás las categorías que estás aplicando en lugar de lo que tienes delante. La asimilación correcta de estos conceptos es la que los disuelve en una mirada que ya no necesita nombrarlos.

Funcionan como ese saber que no se nota cuando se tiene, y que solo se ve cuando falta.

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